viernes, 30 de octubre de 2026

CRONÓMETRO

Yo mido al tiempo, 

no él a mí.

Lo he medido 

con el fémur de los troncos, 

con sonatas y paisajes.

Lo he sopesado con memorias 

y exóticos bocados,

con la filosa bayoneta 

de un cascanueces 

caído en la batalla. 

Lo he diametrado con lágrimas 

y cavilaciones,

con nebrinas destiladas

en tinajas de amatista.  

Lo he calculado a mi manera,

con el flexómetro de mis percepciones,

y he estrellando su carátula

empañada de insomnios,

de hipérbolas y péndulos.

He calibrado al tiempo, 

sí,

con todo y manecillas

y la gangrena propia de su óxido. 

A su infame minutero

que acumula sangre a cuentagotas

a lo largo de una vara.   

Yo no dependo 

de un vulgar cronómetro para ser, 

no,

tampoco de un hilo de arena

para dejar de ser.

Yo no dependo 

del miserable marcaje 

de un reloj en la muñeca,

ni mucho menos,

del vigilante suizo en la

lunes, 28 de septiembre de 2026

TIRESIAS

Soy un hombre de ciclos y de símbolos, 

un jaguar con el espinazo moteado de abismos.

El ojo, la pluma y la escama 

dando forma a la serpiente

que se eleva con el ímpetu del géiser 

y a gracia de un vapor inmensurable. 

Soy el que mete un sarcófago a la fiesta,

un orquestador de los silencios, 

el discreto apóstata sin crucifijo.

Un ente que dormita entre las rosas 

acumulando entendimiento 

acerca de la brusquedad de nuestros cuerpos

y su minúscula sustancia. 

Alguien que ha deletreado su propio nombre 

en las tripas de un epígrafe 

y quien gira como los derviches,

o como la vieja pirinola que al caer decreta: 

"Todos ponen". 

Soy de los que se horrorizan más con el hastío 

que con el diablo

y por eso me señalan 

de andarle coqueteando a los vacíos 

cuando se espesa mi presencia.

Mentir está en mi gran espiral,

en mi gen y en el gen del mundo, 

en la raíz de cada una de las lenguas.

Al morder una muscaria

pude alquimizar mis predicciones.

El horizonte fue mi maestro,

los timbales de la brizna y el minutero. 

He sido discípulo de embalsamadores, 

de gitanos y anodinos,

de las tuzas cuando dormitan 

en el útero pequeño de la nuez.

He sido un gran desmenuzador de metáforas, 

lo admito,

quien se acurruca en su propio hueco.

Un desollador de múltiples quimeras 

a las que les he quitado su pelambre 

con los dientes.

La poesía lo atraviesa todo 

y todo lo padezco.

Soy testigo de ese desahogo,

porque alguna vez yo hice acuerdos,

pactos de lluvia, pactos de sangre 

y pactos de rojas palabras,

por eso soy un laudero entre las brasas

con un paliacate en el cuello,

de trazos arabescos

y zurcido por los bordes.

Sigo siendo un desterrado, 

un explorador de percepciones

arrinconado en las compuertas 

de lo mágico e imposible,

El hombre que heredó 

la romántica ceguera de Tiresias,

pues he dispersado mi conocimiento 

como las flores dispersan su perfume  

sin pedirles nada a cambio.

lunes, 31 de agosto de 2026

Un laudero

 Un laudero entre las brasas

con un paliacate rojo 

y líneas árabescas

empapadas de sudor.


miércoles, 22 de julio de 2026

INMOLACIÓN



He preferido,
la belleza de la decadencia 
a la belleza del progreso.
A los pájaros que se inmolan 
en la nitidez del parabrisas.
A los clavos de mi palma 
que al pan hurtado y las monedas. 
He preferido,
mi camastro de arañas secas
que el confort de la gamusa.
A los juglares salomónicos 
por ser intermediarios 
de santos y homicidas.  
Les he dado prioridad
a esos trovadores 
que harían palidecer a la centella 
dando resplandor a toda bruma
al rasgar sus mandolinas.   
He preferido mi aliento
engarruñado en los acordes 
por una dádiva del orbe,
pues la gravedad es al insecto
lo que el mineral a las astillas,
y lo vacuo es a nosotros
lo que el sueño es a la brisa. 
Porque, en cierto momento, 
se habrá de desmigar el mundo
y habré de preferir el limo 
que a los peces que lo hurgan
para alimentar su presencia.
Todo se atraviesa y nos traspasa
siendo uno en cada cuerpo
con precisión de minutero
cuando las cosas se perfilan 
a pudrirse.  
Porque son las pérdidas,
mas no las alegrías,
las que nos hacen celebrar 
el júbilo alcanzado.  
Por eso y más,   
he preferido inhalar del aire 
sus potros desbocados
que resuellan de agonia.
A recibir la lluvia 
con los pies sobre la hierba.
A perforar las flores 
de la entrepierna de las musas
y a regocijarme
mientras un terregal me sepulta
en completa desnudez. 
A catar a solas 
el último sorbo de vino, 
el del hastío,
en total disipación.
Porque todo corazón
debe estar dispuesto
a herir o a ser herido
y a convertir lo inevitable 
en oasis revelado.    
Debe estar dispuesto,
asimismo,
a alcanzar la plena madurez 
y a dominar la danza de los fuegos
a mitad de la penumbra,  

MEDEA

 



Mi porvenir fue revelado

por el paladar de la sibila,

mis anhelos descubiertos

por el ojo de la völva

en su mántico arrebato.

El andar de cada paso

fue trazado en una playa

por una frisia de Gitania. 

Hechicera fue de mí,

con sus poses seductoras,

aceptando toda rosa con espinas,

poción de cada sueño triturado 

y depuesto en el frasco de su vulva.

Su nombre era Melanie o Medea,

quizás la dupla,

quiromante consumada

descendiente de mandrágoras. 

A ella debo

el erizamiento de mis poros

antes de venir la primavera.

A ella debo,

la violencia de mi pulso

resonando hasta la fecha.

La simetría de su rostro

y el dorado de sus trenzas

en los mosaicos de mi temple.

A ella debo

la absolución de sus caderas

y una mirada dilatada

en el tornasol de nebulosas

dispersando cada cúmulo de sal

y de muérdagos resecos.

Su perfume delicado a hierro

descendió gozoso por su muslo,

menarca de simientes,

que en el gris limítrofe

la dicha y la agonía mezclan.

No era el caldero de mis versos,

sino el desquicio en el espejo

delineando el rimel de sus ojos

al replicar mi lujuria sin castigo,

Porque la vida nos otorga gracia

pero también nos la arrebata

junto a todo lo que amamos,

y lanza sus dados

y sus equivalencias

a la estera de los brujos.

En estado de premonición

he imaginado acariciar

la blancura de su pelo

por última vez,

pues también yo leo el futuro

y veo una cabaña solitaria

con dos montículos de huesos

aún queriéndose en silencio.

  

viernes, 29 de mayo de 2026

HOMENAJE A LAS PIEDRAS

 



Fruto lítico, 

dátil de cuarzo, 

avellana pura de silencio, 

Quisiera el derecho de las piedras 

al "ius sanguini" por nacimiento 

y a contemplar las horas 

desde mi caverna de prismas inversos. 

Quisiera adquirir su triangular postura 

para acoger al fuego a medio bosque

y olvidarme de todo.

Disponer del privilegio de ocupar 

cualquier espacio de la calle

sin pagarle piso a nadie,

o a ser lanzado

sin preocuparme del peaje.

Sumarme, en definitiva, 

al pedregal de un pueblo  

y ser apilado en los caminos. 

Quisiera la libertad de las piedras 

para dormirme en cualquier esquina 

sin quebrantar el orden público. 

Piedra inútil, piedra hermosa,

piedra sobre piedra edificante.

Quisiera su templanza,

pero sobre todo,

su resignación,

por el espacio que queda

entre las piedras de la grava,

espacio que el vacío 

ha colmado con su reino.

Quisiera su indiferencia,

al escuchar el griterío de los pájaros 

bajo el asedio del tlacuache

y quedarme sin hacer nada. 

Escuchar los lamentos del Oriente,

viendo pasar las carrozas con cadáveres 

y quedarme sin hacer nada. 

Siendo piedra, 

le diría al hombre:

"calla para que te vea". 

Siendo piedra 

mantendría distancia  

de esos seres tan mezquinos

ciegos de su poquedad,

pues les daría parálisis del sueño

y letargos en vigilia

si admitieran su desmoronamiento.

Sus blandos intestinos colapsarían,

impotentes,

como guijarros arrastrados

por la violencia de los ríos.  

Quisiera ser como las piedras

ajenas a la vanidad de la carne

y a las etiquetas,

sin pulimento de su rostro y sin nombre,

pues "el infierno son los otros",

son sus egos, 

somos todos,

y por eso mismo,

sería mucho mejor 

haber nacido como piedra. 

jueves, 30 de abril de 2026

ASÍ COMO LA LUZ

    

      A Camelia García A., en su sueño perpetuo

      y por la sincronicidad poética revelada.

 

Así como la luz transpira en la materia

imitando al oyamel

y la avidez del rojo, cava de la arteria,

con sus álgidas canciones

en cuya redondez del ojo y su oropel,

te dormiste a mi costado

dejándome una blanca estrella sepultada.

Así como la luz habita en la materia

radicada en su grueso muro de silencio,

convocada fuiste para el relevo al fin

del ígneo sol y sus múltiples suplicios,

a medio loto y al vasto azul de este planeta.

Una mancha granadina sobre el mantel

esbozó dos rostros debajo de la vela

alumbrando nuestro ensueño.

Fuimos gotas que en la brisa se reencuentran

junto a un colibridero de ángeles caídos

ninguneados todos ante tu presencia.

Los arcanos viles dejaron de acecharte

para renacer jubilosa la poeta,

así como la luz renace en la materia.

domingo, 15 de marzo de 2026

OJO POR DIENTE

 

                    

                    Al heroico pueblo de Persia 


Si haber elegido la paz 

no fuera suficiente,

regresa el golpe doble 

a quien lacere tu mejilla. 

No solo en la mejilla,

sino a lo largo de su mandíbula. 

No solo la mandíbula y sus molares,

sino las vértebras que sostienen la cabeza 

hasta enfriar la rabia de sus sienes.


Por cada diente tuyo  

un ojo de su cara 

hasta que te deba ojos.

Que el hueco de su cráneo 

sea el último saldo

y cada hueso en su osamenta

compense las afrentas.

Demuéstrale 

que el ajenjo sublingual 

y el coágulo en su tinta

serán su única cena. 


Sangre de padres, madres e hijos,

sangre derramada en los cauces 

del oasis bombardeado

y el llanto resiliente de los niños. 

No es venganza,

ni amor por la violencia,

es el equilibrio de la ojiva 

en la espina de la zarza.


No es venganza, no lo es.

Es el deber de todo ser 

que se aferra con su aliento 

a la dicha de los soles. 

Es la pequeñez de las aldeas 

ante el odio del imperio . 

No es venganza, no lo es, 

es la densa lluvia de vinagre

carcomiendo los muros del lamento. 


No se dialoga con la violencia, no.

Tampoco se solapan los cuchillos.

Que sea el dron el que se inmola 

en las cúpulas doradas

y su broquel de láser doblegado. 

Si no se ofende a quien ofende,

cualquiera puede ser la víctima y esclavo 

en el hocico del caníbal. 


Por eso,

arranca dos dientes 

por el que te han arrancado, 

extirpa dos ojos

por el que te han extirpado,

pues la balanza está truqueada

y no habrá reparación del daño

ni resarcimiento de tu aura

por la venia de los jueces.


El añico, la astilla y la rebaba,

el chispazo de un pueblo indoblegable 

hasta mellar los dientes extranjeros. 

Un ojo tuyo por un diente mío

a la primera amenaza.

Un diente por todo el cráneo 

de la burlesca calavera,

pues con la muerte no se juega

ni se acuerda.


¡A la muerte se le da muerte

antes de que se corone!

No es que sea justicia, 

pero se acerca. 


jueves, 26 de febrero de 2026

GRISALLAS

.                                                Huayacocotla, Veracruz. 2026 

Hasta la alegría aburre,

por ello,

se le debe ganar el paso al infierno 

y a los ciclos pálidos con bucles,

a la infame repetición de las formas 

y sus insípidas canciones. 


Hasta la libertad aburre,

y el vagabundo lo sabe.

El óxido en el grillete lo intuye 

y las isadas velas 

al carecer de motivos.

El astrolabio vuelto loco 

se ha agotado 

de andar por nuevos mundos.


Hasta el amor aburre

en las iglesias, los bares 

y los bacanales.

Se autofastidia de miel

provocando lo vacuo

que invoca ante la duna 

y toda su gravilla. 

Incluso los mares,

los benditos mares

con su perpetuidad de ola,

también nos matan de rutina. 


Hasta el sexo aburre,

aunque entrelazados 

doblemente fuertes somos,

musa y poeta a la par,

doblemente hastiados entre sí. 

Nuestro tejido se irrita y se martaja, 

es lamento acitronado,

una pila de huesos y sueños

untados de ceniza. 


Solo un rey sin reino

lo entendería. 

un rey con náuseas 

en una tierra absurda 

repleta de bufones y burgueses. 

Días hay 

que ni la palabra se yergue.

Días de cruda somnolencia 

en cada gema en la corona 

que hasta la felicidad fastidia.


Qué tedio 

ver crecer al pasto tierno 

bajo nuestra suela. 

Qué tedio 

mirar envejecer al otro

y ufanarse de sus hijos, 

de su amante, de su casa,

como si todo eso 

no se pudriera bajo el cielo   

con el sopor de la derrota.


Los muertos nos hablan

para quejarse de su gran hastío.

Nos hablan quedamente

sin añorar la vida de los vivos

porque nuestro letargo los asquea. 

Perciben la quejumbre 

y la desazón pegada 

al cuero de las cosas.

Perciben nuestro cuerpo roto 

entre sepias y grisallas. 


Por eso,

siempre algo de sensual 

habrá en la agonía,

ya que anuncia el fin 

de los hartazgos.

Algo de dicha habrá

en doblegar el tallo de una flor 

hasta asfixiarla 

y exprimirle 

los topacios de su dicha.


(Hasta la poesía aburre). 


martes, 27 de enero de 2026

LOS POETAS ABISALES


Los poetas abisales 

son luciérnagas con marcas,

entes que de la oscuridad hicieron

un fortín inconquistable. 

Con las uñas rasparon

la pared de su mazmorra,

el grosor del escombro en la palabra

y la manta vitelina del ovoide.


Conocieron la música antes que las aves, 

el aroma de los cirros del poniente

junto al añil de lo profundo.   

Vislumbraron 

el deslave de los triángulos   

con su dedo índice en la arena,

dibujando su propio perfil 

al compás de la espuma entre las olas. 

    

Solo los poetas abisales

le han hecho el amor a la luna

con icónica violencia.

Son fragua de sí mismos, 

en la que recrean su astronomía, 

los ungidos en amonio.  

Solo ellos conocen 

el momento justo

para desprender el fruto de la rama

sin que caiga al pudridero.


Antes de que hubiera videntes 

hubo poetas abisales. 

Mucho antes de que hubiera druidas, 

reyes y tlatoanis,

profetas y alquimistas, 

hubo un poeta nacido en el hadal 

que aventajaba a todos 

en premonición.


Era un caminante 

de rústicos senderos. 

Propagaba versos con paciencia, 

paciencia misma 

que fue doctrina del abismo. 

Viajaba cuesta abajo como arroyo

pepenando las moronas de la luz

antes de izar y encender

su linterna diminuta.

Suficiente trifosfato en chispa, 

un tercer ojo 

para delimitar su presencia

de la vasta oscuridad.  


Alados son esos poetas 

para acoplarse al aire.

Memoria diluida

en manojos de memorias

como holograma entre la niebla.  

El poeta abisal 

desama a su prójimo

con la sencillez que se merece,

porque un ciudadano promedio  

equivale a un rastrero del infierno

o al perro guardián de la oficina 

donde terminan succionando 

la melaza de los sueños. 


El credo de los abisales 

es el témpano 

y la rigidez de la florita. 

Un triturar de uña contra uña

a la odiosa pulga de la almohada.

Algunos dicen 

que su patria es Mitilene,

otros que Palenque. 

Que su clavícula es balanza, 

columpiando sobre ella,

un sol chapeado de rubíes.

Salomónicos son,

proverbiales y medrosos. 

  

Abogan por la herrumbre 

que deambula entre sus venas

y ese olor a tierra 

y a electrón ahumado

en la comisura del herraje.

Abogan,

por lo distante y por lo opuesto, 

por la amistad 

entre el hierro y el aceite. 


Los poetas abisales sopesan 

a su majestad el dolor,

como la tortuga hace

con su corazón despostillado  

en el filo de las rocas. 

Su escenario gira y gira,

y se arremolina entre recodos,

tiritando en su mente

un país de enanos.   


Allá, 

en las faldas del horizonte,

ellos timbran los bambúes  

y las finas telarañas del zacate.

Maldicen las cavernas 

que no musitan la vocales

que no se hacinan en su lengua. 

La contemplación les viene 

sin necesidad del floripondio

o la ayahuasca,

pues su paz es cultivada 

en compañía de colibríes.  


En sus viajes, 

dejan desgastado al mundo

y sus mutaciones,

más que al caucho de sus ruedas

o al tensor de su mochila.

Cuando sus voces no retumban,

esos poetas ofrecen a lo alto 

su sémola y su fruto,

cierta teología luminiscente 

y los tambores de su furia 

atravesando las montañas. 


Los poetas abisales 

han llevado sus versos  

a la cima del teocalli

y al trono rojo de tezontle,

que al final de su gloriosa senda,

elevan sobre el tepetate 

transitando

con variados nombres.

Ninguno 

con la suficiente argamasa 

para mantenerse a su lado.

Ninguno digno y elevado.


Ese tipo de poeta

es un espigador de signos, 

un incrustador de la navaja 

al rajar los alfabetos

y salvarse 

cuando pasa en su garganta 

el filoso brillo 

culminante de su viaje. 

Ellos cultivan la depravación,

la suprema libertad y el doblaje

sin rendirle cuentas al destino. 

 

Yo conocí a un poeta del abismo,

uno que nació y murió 

un día como hoy.

Fugaz como la bruma,

dichoso

como una luciérnaga 

al caer la noche.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

TODA MI RABIA

Toda mi rabia
incrustada bajo el párpado
es un aguijonazo contra el olvido,
porque cosa menor es odiar
la carne que ostenta otro nombre  
y cosa menor es odiar al país
que menosprecia al migrante 
por motivos de clase.  

Toda mi rabia  
es por la impotencia ante lo eterno
por la envidia que le tengo a las piedras, 
pues nada puedo sujetar a mi presencia. 
Mis odios se estancan,
se llenan de lama,
se envenenan 
para encalabernar
a las olas y los crisantemos.  

Toda mi rabia 
es por cada palabra que he extraviado,
por cada verso que se me deshizo entre los labios 
y cada poema corbonizado
en la yema de mis dedos. 

Jamás he odiado tanto 
como al verbo que se me esconde.
Jamás he odiado tanto
como a la letra que se han difuminado 
por propia voluntad 
debajo de las blancas sábanas.

Todos mis odios consisten 
a razón del verso arrebatado 
por la pantalla,
por las sutiles bromas 
dibujando su burlona mueca 
en la infame estática del monitor.

Toda mi rabia se acumula 
cuando imagino mi ausencia 
y no encuentro las vísceras de cada silaba
por torpeza o por fastidio.
Me enrabio doblemente,
porque quizá sea yo mismo
extrañándome antes de estar ausente.




miércoles, 19 de noviembre de 2025

LA BESTIA

En el vagón

una mujer pelirroja,

bajita, de pupila ardiente,

quizás el diablo.

Enjuto y con sombrero 

un anciano en los andenes,

quizás el diablo.

Un bebé siendo amamantado,

inmóvil, expectativo de mí,

quizás el diablo.

 

No sé cuántas veces

se me habrá presentado

esa bestia carmesí

mirándome insistente.

Lanzando

sus acertijos de presencia

para interpelar a los caídos.

 

Impostor astuto,

con disfraz de barrendero,

de político o mendigo,

de mucama o de banquero

en el intercambio chispeante

de una brasa en la mirada.

martes, 21 de octubre de 2025

PRIMORDIAL


Ardió

junto a la carne de la noche

en un rincón de la creación. 

Ardieron sus párpados

como aerolitos

al rielar en sus pestañas

un cabello 

teñido de estrellas,

de ébanos y equinoccios. 


Había algo de perpetuo 

en sus dedos,

mismos que pasaba distraídos 

en la abertura primordial

de un jazmín ardiente,

retractilado,

custodio de la blancura 

de sus ojos.  


Un lunar,

próximo a su muslo,

era una monera  

hacia el descenso.

Ninguna flor en agonía,

ni sus tallos resecos,

yo le quise tributar.


Se fue con la espuma 

que mi soledad resopla,

sin anhelar otra cosa

que el tamborileo

bajo mi dermis,

porque las ausencias

pesan,

pesan,

pasan.

jueves, 11 de septiembre de 2025

NARCISO

 


Narciso, 

¿y qué si te despojan 

de tu cuerpo, de tu nombre? 

Quedaría un verso tiritando de frío, 

cierta paz antes de consumarse el polvo,

la redención del absoluto

con sus cardúmenes de peces 

siendo arrastrados al naufragio.  

Narciso, 

qué hermoso, qué cisne, 

tu propio beso te hiere,

pero aquí nadie te habrá de juzgar, 

porque todos 

se ahogan en su propio estanque.  

Siempre has visto al mundo 

por debajo de tus hombros,

joven de los nardos blancos

y autocoronado efebo.

Resististe la provocación 

de toda ninfa que en su vientre 

tu semilla quiso conservar.

Disipaste ese anhelo de labios 

acallando al aire entre los dientes

y rehuiste 

al cadáver de un centauro, 

que flotaba a la par de otros seres 

queriendo chupar 

la menudez de tus tejidos 

con lo funesto de su hocico. 

No has podido sustraerte del husmo

por más nácar que te untes 

desde el artificio,

pues aquí pululan el hongo, 

la bestia y el salitre. 

En ese íntimo lago,

esbozaste una sombra para ti mismo

sobre la vibrante mica  

revitalizada por el voltio.

La nervadura del litio te subyuga 

con su mangana de horas muertas

y una ilusión clavada en la arena. 

Ya no hay estados de clarividencia 

ni paseos por los bosques

con tu cuadriga de pegasos.

Narciso, 

quizá mi generación se vaya

junto con la esfera rota 

donde tu reflejo se mecía, 

y nuestros calmos manantiales,

se sequen,

pero al menos contemplamos 

la desnudez de la luna plena

al disipar las turbias aguas del elogio.

martes, 26 de agosto de 2025

NO ARROJES TUS POEMAS

                       Mural bajo un puente en Tacubaya, CDMX


No arrojes tus poemas a los cerdos,

pues tú dialogas con lo eterno.

Por insignificante que te vean,

una flama prometeica te envuelve

y en las nubes embarras 

lo kilates de tu esencia.

 

No concedas tus poemas a los cerdos,

intercambia poemarios con tus pares,

así hayan sido escritos

con el carbón de un lápiz mordisqueado

sobre papel estraza

y dos grapas por sutura.

 

No declames tus poemas a los cerdos.

Maldícelos, 

porque jamás se han enamorado de un poema, 

que es una bolita afrutada

con su redondez de uva

no apta para sus hocicos. 


No regales tus poemas a los cerdos

ni la belleza que resguardan,

pues se te han dado en comodato

con su geometría y otras perfecciones

de prisma empotrado en el silicio

y el arte de lo non finito.


Nunca vuelvas a arrojar tus poemas a los cerdos. 

Nunca. 

martes, 24 de junio de 2025

LUZ A LA LUZ

          Al gran poeta y amigo, Genaro González Licea


El poeta debe ser la herida,

una herida que hiere y ensalza, 

que ampula y explota 

sin cauterizar el laberinto. 

Una herida que revienta 

a todo aquel 

que no haya estado herido.


A quien le falte una incisión,

que acuda a la navaja del poeta

para punzar allí 

donde el nervio salpica

los impasibles rostros de la bruma.


El poeta envía un telegrama 

a la neurona

para que siga azuzando la sangre. 

Porque, alarido es la herida,

y la garganta un remolino 

donde se aviva. 

Es el cabrilleo de un quásar,

a su suerte abandonado,

para dar a luz 

a la luz.


Alguna vez

el poeta metió su mano a la bolsa 

de un pantalón descolorido

como buscando una moneda, 

pero solo palpó un agujero 

que lo tocó primero 

con su oscura cicatriz  

y algo de pelusa 

de un vacío que se vacía. 

Bebió del cuenco de sus manos 

la tristeza de la infancia,

llenado muchas veces 

por goteras de una casa 

enyerbada entre la milpa.


La lágrima se evaporó

mientras el poeta era un petirrojo 

avasallado por la lluvia,

y su recuerdo,

un mural herido 

agrietándose en el otoño.  


El poeta 

aún se hiere en las madrugadas

consigo mismo,

en la alcoba del ente,

tan gélida

como la soledad de los muertos

y más dura que el basalto

aromado por un grano de café. 


Él escucha para sí y traduce 

el susurro de los grillos,

el rezumbar del mosquitero

que ha atrapado

las variadas notas y los timbres

con la lengua de los sapos.

El poeta ve 

en el blanco de la hoja

la muerte de todos,

y, la muerte del todo,

en la punta de su pluma.  


Jamás le faltó projimidad

ni empatía con los caídos.  

Él, se quitó 

el pan de la boca 

para colocar un verso

en la boca del enfermo.

Jamás le faltó nada,

pues siempre tuvo a la poesía. 

 

Ese poeta 

quiso dejarle una herida a la vida,

y lo logró. 

Recordarle que, 

él fue la herida 

mucho antes de la herida.

viernes, 30 de mayo de 2025

ÁRBOL DE FUEGO

 

 

  

Para celebrar la primavera con vehemencia

y disipar los cirros en el aire,

he avivado la ráfaga fueguina

en cada lengua de la rama. 

A cambio, 

he recibido del dorso

de un maravilloso árbol de fuego

el perfume de una amante

en un sarcófago de ámbar

cubierto de lúbricas canciones.

Mujer,

¡cuánto mundo te he perdonado,

cuánto respiro terrestre

destilando su jugo en las esteras!

Para seguir exhalando en las cumbres

los rubores de la tarde

como guardian y fogonero,

como esos poetas y chacales 

que al diablo custodian 

para apaciguar su intensa llamarada.

Ese árbol de fuego 

que por las noches ha velado mi sueño

y por las mañanas yo el suyo

ha crecido en medio de la urbe,

adornando cementerios de concreto, 

tan mecánicos y estériles, 

como un termitero de carne. 

Al cobijo de un árbol de fuego, 

me vi bailar 

con ninfas y faunos

incitándolos a la prostitución. 

Una fiebre me arropaba

como una marea de luciérnagas 

a contra viento 

y una cimitarra que con su filo 

dividía el rojo y sus contornos. 


León, Guanajuato.

jueves, 24 de abril de 2025

LA ESCAMA DEL AMANTE (Octosilva)

 

                                      Culebra chirrionera o serpiente látigo rayada 

                                                               (masticophis laterales)


El centígrado punzante

delineó gustoso el algodón etéreo,   

la feral corchea en el dorso del diamante  

y las formas de la nube.

Su látigo fue el siseo, 

trinchete gustativo que elevaba al cielo

enroscado breve en radiantes mirasoles.

Un coágulo brillante

cayó en el adoquín de esmaltes y de vértebras

bajo columnatas de terso camuflaje.

Hermosísimas serpientes 

arrullando a las rocas con su pecho urente, 

con un colmillo de cicuta y de deseo 

y en su ofidia lengua el verbo

con la perpetuidad del sol y sus clamores, 

de amores varios consumados en penumbra. 

Miedo siempre compartido, 

de engullir o ser mordido

por un temblor abigarrado de apetitos

y geometrías de delicioso trazo 

en la escama del amante.

lunes, 24 de marzo de 2025

TODO EN TI ES LÁGRIMA

 ¿Qué me dices 

de los pies cocidos 

puliendo las banquetas?

¿Qué me dices 

del cansancio primordial 

en la boca de los cántaros? 

No basta una semilla con alas

aferrándose a los vientos. 

No basta un ente de penumbra  

al desplegar sus alas 

para apapachar la noche. 


¿Acaso son tus ojos 

los que se fijan en la charca  

dispuestos para sepultarse?

¿Acaso es el antílope 

cuya órbita visora

se asfixia en el colmillo? 

Toda silueta es aleatoria

a su propio engrane

de pura ensoñación. 

Una moneda en el ojo 

para que vuelvas a casa.


Una moneda 

para tu peaje de retorno

a las púrpuras llanuras 

y al añil de la laguna. 

Hombre mínimo.

Mujer mínima. 

Ser con huarache en el asfalto.

Ser con el rebozo de luto.

Todo en ti es lágrima.

Todo en nosotros,

despojo. 

jueves, 27 de febrero de 2025

ANÉMONAS

  

                     Claude Monet


Envuelve 

mi cuerpo con tu cuerpo

hacia el surco del rojo coral 

y sus carnosos humedales

en tu pequeña boca

de anémonas risueñas. 

Allá abajo, 

navego y navego,

inerme a la deriva 

y en restriego suave 

en saladas oquedades.

 

Envuelve 

mi cuerpo con tu cuerpo

en la ola perpetua  

que en condición de mar 

acepta mi simiente. 

En tu mano, en tu cadera,

con mi pincel 

embadurnando de perlas

por el sendero de la vértebra

en el lumbar ardiente.

 

Marina dicha de siameses 

antes de volver el sol,

pues a pesar de ser 

un cautivo diurno, 

todas mis creaciones 

son nocturnas,

porque venero 

el sopor que viene

como respiro suave

del clamor y la agonía.