viernes, 30 de octubre de 2026

CRONÓMETRO

Yo mido al tiempo, 

no él a mí.

Lo he medido 

con el fémur de los troncos, 

con sonatas y paisajes.

Lo he sopesado con memorias 

y exóticos bocados,

con la filosa bayoneta 

de un cascanueces 

caído en la batalla. 

Lo he diametrado con lágrimas 

y cavilaciones,

con nebrinas destiladas

en tinajas de amatista.  

Lo he calculado a mi manera,

con el flexómetro de mis percepciones,

y he estrellando su carátula

empañada de insomnios,

de hipérbolas y péndulos.

He calibrado al tiempo, 

sí,

con todo y manecillas

y la gangrena propia de su óxido. 

A su infame minutero

que acumula sangre a cuentagotas

a lo largo de una vara.   

Yo no dependo 

de un vulgar cronómetro para ser, 

no,

tampoco de un hilo de arena

para dejar de ser.

Yo no dependo 

del miserable marcaje 

de un reloj en la muñeca,

ni mucho menos,

del vigilante suizo en la

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