Al heroico pueblo de Persia
Si haber elegido la paz
no fuera suficiente,
regresa el golpe doble
a quien lacere tu mejilla.
No solo en la mejilla,
sino a lo largo de su mandíbula.
No solo la mandíbula y sus molares,
sino las vértebras que sostienen la cabeza
hasta enfriar la rabia de sus sienes.
Por cada diente tuyo
un ojo de su cara
hasta que te deba ojos.
Que el hueco de su cráneo
sea el último saldo
y cada hueso en su osamenta
compense las afrentas.
Demuéstrale
que el ajenjo sublingual
y el coágulo en su tinta
serán su única cena.
Sangre de padres, madres e hijos,
sangre derramada en los cauces
del oasis bombardeado
y el llanto resiliente de los niños.
No es venganza,
ni amor por la violencia,
es el equilibrio de la ojiva
en la espina de la zarza.
No es venganza, no lo es.
Es el deber de todo ser
que se aferra con su aliento
a la dicha de los soles.
Es la pequeñez del las aldeas
ante el odio del imperio .
No es venganza, no lo es,
es la densa lluvia de vinagre
carcomiendo los muros del lamento.
No se dialoga con la violencia, no.
Tampoco se solapan los cuchillos.
Que sea el dron el que se inmola
en las cúpulas doradas
y su broquel de láser doblegado.
Si no se ofende a quien ofende,
cualquiera puede ser la víctima y esclavo
en el hocico del caníbal.
Por eso,
arranca dos dientes
por el que te han arrancado,
extirpa dos ojos
por el que te han extirpado,
pues la balanza está truqueada
y no habrá reparación del daño
ni resarcimiento de tu aura
por la venia de los jueces.
El añico, la astilla y la rebaba,
el chispazo de un pueblo indoblegable
hasta mellar los dientes extranjeros.
Un ojo tuyo por un diente mío
a la primera amenaza.
Un diente por todo el cráneo
de la burlesca calavera,
pues con la muerte no se juega
ni se acuerda.
¡A la muerte se le da muerte
antes de que se corone!
No es que sea justicia,
pero se acerca.




