miércoles, 22 de julio de 2026

INMOLACIÓN



He preferido,
la belleza de la decadencia 
a la belleza del progreso.
A los pájaros que se inmolan 
en la nitidez del parabrisas.
A los clavos de mi palma 
que al pan hurtado y las monedas. 
He preferido,
mi camastro de arañas secas
que el confort de la gamusa.
A los juglares salomónicos 
por ser intermediarios 
de santos y homicidas.  
Les he dado prioridad
a esos trovadores 
que harían palidecer a la centella 
dando resplandor a toda bruma
al rasgar sus mandolinas.   
He preferido mi aliento
engarruñado en los acordes 
por una dádiva del orbe,
pues la gravedad es al insecto
lo que el mineral a las astillas,
y lo vacuo es a nosotros
lo que el sueño es a la brisa. 
Porque, en cierto momento, 
se habrá de desmigar el mundo
y habré de preferir el limo 
que a los peces que lo hurgan
para alimentar su presencia.
Todo se atraviesa y nos traspasa
siendo uno en cada cuerpo
con precisión de minutero
cuando las cosas se perfilan 
a pudrirse.  
Porque son las pérdidas,
mas no las alegrías,
las que nos hacen celebrar 
el júbilo alcanzado.  
Por eso y más,   
he preferido inhalar del aire 
sus potros desbocados
que resuellan de agonia.
A recibir la lluvia 
con los pies sobre la hierba.
A perforar las flores 
de la entrepierna de las musas
y a regocijarme
mientras un terregal me sepulta
en completa desnudez. 
A catar a solas 
el último sorbo de vino, 
el del hastío,
en total disipación.
Porque todo corazón
debe estar dispuesto
a herir o a ser herido
y a convertir lo inevitable 
en oasis revelado.    
Debe estar dispuesto,
asimismo,
a alcanzar la plena madurez 
y a dominar la danza de los fuegos
a mitad de la penumbra,  

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