Fruto lítico,
dátil de cuarzo,
avellana pura de silencio,
Quisiera el derecho de las piedras
al "ius sanguini" por nacimiento
y a contemplar las horas
desde mi caverna de prismas inversos.
Quisiera adquirir su triangular postura
para acoger al fuego a medio bosque
y olvidarme de todo.
Disponer del privilegio de ocupar
cualquier espacio de la calle
sin pagarle piso a nadie,
o a ser lanzado
sin preocuparme del peaje.
Sumarme, en definitiva,
al pedregal de un pueblo
y ser apilado en los caminos.
Quisiera la libertad de las piedras
para dormirme en cualquier esquina
sin quebrantar el orden público.
Piedra inútil, piedra hermosa,
piedra sobre piedra edificante.
Quisiera su templanza,
pero sobre todo,
su resignación,
por el espacio que queda
entre las piedras de la grava,
espacio que el vacío
ha colmado con su reino.
Quisiera su indiferencia,
al escuchar el griterío de los pájaros
bajo el asedio del tlacuache
y quedarme sin hacer nada.
Escuchar los lamentos del Oriente,
viendo pasar las carrozas con cadáveres
y quedarme sin hacer nada.
Siendo piedra,
le diría al hombre:
"calla para que te vea".
Siendo piedra
mantendría distancia
de esos seres tan mezquinos
ciegos de su poquedad,
pues les daría parálisis del sueño
y letargos en vigilia
si admitieran su desmoronamiento.
Sus blandos intestinos colapsarían,
impotentes,
como guijarros arrastrados
por la violencia de los ríos.
Quisiera ser como las piedras
ajenas a la vanidad de la carne
y a las etiquetas,
sin pulimento de su rostro y sin nombre,
pues "el infierno son los otros",
son sus egos,
somos todos,
y por eso mismo,
seria mucho mejor
haber nacido como piedra.
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