viernes, 30 de agosto de 2013

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Ruines de l'ancien presbytère
San Pedro Tlaquilpan


La nube gris cobijó mis tierras.

El inamovible gigante pétreo

meditando, la montaña

y una iglesia.

 

Un millar de espinas,

mi fortaleza,

un barranco, el foso.

 

Dos aves

jugueteando.

 

Inmerso estaba,

suspendido

en alguna zona saturada

de espectral realismo.

 

Era una tarde bella

y el viento gemía

mis oráculos.

 

Sabrían que me iría,

sabrían que regresaría.

 

Llegará el momento exacto

de volver a casa

a la hora de la cena. 

*      *      *

 

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