miércoles, 11 de septiembre de 2013

Amielada




En el ámbar de la miel descubrí

una abeja ahogada,

en los blandos dientes de su néctar.

Yo era niño.

Comí un trozo de pan endulzado

y sin retirar el cadáver cristalino,

me sacié.

 

Muertos y vivos se mezclan

No hay definición de vida

que hoy me pueda convencer.

Apenas y recuerdo el oro

traspasando mis sentidos,

tumba de agua dulce

custodiando aquella infancia.

 

Retiré la abeja del sepulcro

imaginando que de adulto

también sería ahogado

por esa miel endulcorada

para alimentar las larvas.



* * *

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