¿Qué me dices
de los pies cocidos
puliendo las banquetas?
¿Qué me dices
del cansancio primordial
en la boca de los cántaros?
No basta una semilla con alas
aferrándose a los vientos.
No basta un ente de penumbra
al desplegar sus alas
para apapachar la noche.
¿Acaso son tus ojos
los que se fijan en la charca
dispuestos para sepultarse?
¿Acaso es el antílope
cuya órbita visora
se asfixia en el colmillo?
Toda silueta es aleatoria
a su propio engrane
de pura ensoñación.
Una moneda en el ojo
para que vuelvas a casa.
Una moneda
para tu peaje de retorno
a las púrpuras llanuras
y al añil de la laguna.
Hombre mínimo.
Mujer mínima.
Ser con huarache en el asfalto.
Ser con el rebozo de luto.
Todo en ti es lágrima.
Todo en nosotros,
despojo.