domingo, 15 de marzo de 2026

OJO POR DIENTE

 

Al heroico pueblo de Persia 


Regresa el golpe doble 

a quien lacere tu mejilla. 

No solo en la mejilla,

sino a lo largo de su mandíbula. 

No solo la mandíbula y sus molares,

sino las vértebras que sostienen la cabeza 

hasta enfriar la rabia de sus sienes

y destajar no solo el cuello 

sino los ojos que sostiene.


Por cada diente tuyo  

un ojo de su cara 

hasta que te deba ojos.

Que el hueco de su cráneo 

sea el último saldo

y cada hueso en su osamenta

compense las afrentas.

Demuéstrale 

que el ajenjo sublingual 

y un coágulo en tintura 

serán su único platillo.


Sangre de padres, madres e hijos,

sangre derramada en los cauces 

del oasis bombardeado.

No es venganza,

ni amor por la violencia. 

Es el equilibrio en la ojiva 

ante la espina de la zarza,

es la dureza de la lengua 

del beduino y el dromedario.

 

No es venganza, no lo es.

Es el deber de todo ser 

que se aferra con su aliento 

a la dicha de los soles. 

Es la pequeñez del ciudadano 

ante el saña del imperio. 

No es venganza, no lo es, 

es la lluvia negra del vinagre

carcomiendo los muros del llanero. 


No se dialoga con la violencia, no.

Tampoco se solapa al cuchillo.

Es el dron el que se inmola 

en las cúpulas doradas

y en el broquel de su láser doblegado. 

Si no se defiende de la ofensa,

cualquiera pudiera ser la víctima 

del hocico de un caníbal. 


Por eso,

arranca dos dientes 

por el que te han arrancado, 

extirpa dos ojos

por el que te han extirpado,

pues la balanza está truqueada

y no habrá reparación del daño

ni resarcimiento de tu aura

por la venia de los jueces.


Un ojo tuyo por un diente mío

a la primera amenaza.

Un diente por todo su cráneo 

de la burlesca calavera,

pues con la muerte no se juega 

ni se acuerda.


A la muerte se le da muerte

antes de que se corone. 

No es que sea justicia, 

pero se acerca.