Friday, 13 February 2015

Frida Khalo


Frida Khalo:
Inmensidad de una pasión


Mi pintura lleva el mensaje del dolor”, dice Frida, como sintetizando la esencia de su quehacer creativo.     Pero muy pocos artistas son ellos mismos la obra en sí; pocos artistas viven en las inmediaciones de una efervescencia desbordante de color y aroma que logran plasmar en su breve lapso por la vida. La quintaesencia y el motivo de sus obras, a mi parecer, no es una cuestión de origen, sino de destino. Las pinturas de la primera mujer que ha alcanzado el rango y la admiración en el círculo de la élite de la plástica del siglo XX, me parecen el intento de un artista por descifrar las últimas consecuencias de ese eterno vínculo sensible que tenemos frente al mundo, y, generalmente, en una relación de placer/dolor con todos sus aspectos.
      Fue en Europa cuando tuve un encuentro no casual con una fotografía de Frida Khalo en una biblioteca diseñada por el talentoso arquitecto Jo Coenen. Había aquel otoño una exposición fotográfica que protagonizaban Frida y Diego. Se encontraban sistemáticamente ordenadas varias imágenes donde aparecía la pareja indisociable de la plástica mexicana del siglo XX junto a personajes como León Trotsky.
    Tuve un sentimiento de extrañeza. Yo, que pasaba gustoso gran parte del día en la Bibliotheek der Nederlands (OBA), estaba presenciando una colección de paisajes y senderos coterráneos, con su característica flora semidesértica en la que crecí. Yo, en un clima agreste y sombrío de la Europa del Norte, tenía por primera vez, luego de un par de años, un ligero sentimiento de nostalgia. Y esto a partir de una fotografía de Frida, que hasta ese momento me había parecido tan sólo una mujer elevada a símbolo mundial del feminismo, y, si se puede incluir, de la bisexualidad. Había persistido su imagen andrógina y sobrenatural en mi inconsciente. Pero fue a partir de esa pose en la que se encontraba sentada luciendo un vestido largo y de color negro, con el rostro ligeramente girando a la cámara y las manos entrelazadas en una contemplación hacia el futuro y hacia el ocioso espectador, cuando me percaté que no  había apreciado justamente la extravagante belleza de esta artista que revolucionó el arte del pincel y el caballete de toda una era.
     A Frida se le ha conocido internacionalmente como una talentosa pintora, quizá la primera, que ha sobrevivido a los embates más furiosos de la vida. Elogiada por leyendas como Marcel Duchamp, Picasso o André Breton, y mostrados sus cuadros en exposiciones en ciudades como Paris, Nueva York y México. Incluso, su nombre ha sido más relevante que el de su doblemente esposo, colega e inspiración: Diego Rivera. Fuera de México, a Diego se le conoce como el “esposo” de Frida. Siendo que su gigantesca labor artística es casi insuperable hasta nuestros días. Él abarcó prácticamente todas las técnicas académicas y del muralismo. Agotó los medios pictóricos como instrumentos de sublimación social e ideológica. En México, ha sido a la inversa, por lo menos hasta hace un par de décadas: Frida era la singular esposa de Diego.
     Su nombre completo era Magdalena del Carmen Frida Kahlo Calderón (Coyoacán, 6 de julio de 1907- Coyoacán, 13 de julio de 1954); se sometió a 32 operaciones quirúrgicas debido a que el 17 de septiembre de 1925 sufrió un grave accidente cuando el autobús en que ella viajaba fue impactado por un tranvía. Su columna vertebral quedó fracturada en tres partes, sufriendo además fracturas en dos costillas, en la clavícula y tres en el hueso púbico. Su pierna derecha se fracturó en once partes, su pie derecho se dislocó, su hombro izquierdo se descoyuntó y un pasamanos la atravesó desde la cadera izquierda hasta salir por la vagina. Frida comentó que había sido esta la forma brutal en la que perdió su virginidad. Fue autora de unas 200 obras, en su mayoría autorretratos.
     La relación entre obra y autor quedaría reflejado de manera definitiva en las siguientes palabras de nuestra gloriosa universal, Frida Khalo:
      “La pintura ha llenado mi vida. He perdido tres hijos y otra serie de cosas que hubiesen podido llenar mi horrible vida. La pintura lo ha sustituido todo.


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